¿Cómo funcionan los antitranspirantes?

14 enero, 2013 at 11:07

¿Cómo actúan los antitranspirantes sobre las glándulas sudoríparas?

Como ya hemos explicado con anterioridad en este blog, desodorantes y antitranspirantes son productos muy diferentes. Los desodorantes enmascaran el olor corporal, mientras que los antitranspirantes consiguen que sudemos menos. Además, el modo de aplicación es muy distinto: tradicionalmente los desodorantes se usan por la mañana, después de la ducha, mientras que los antitranspirantes deben aplicarse por las noches y lavarse a la mañana siguiente. Pero, ¿cómo funcionan los antitranspirantes y por qué deben usarse así?

Los antitranspirantes actúan sobre nuestras glándulas sudoríparas, que son los órganos encargados de producir la sudoración. Situadas en la dermis, estas glándulas tienen forma de ovillo y un conducto al exterior por donde se expulsa el sudor. Los ingredientes activos de los antitranspirantes (en especial el cloruro de aluminio) forman una especie de tapón que bloquea este conducto e impide que la sudoración alcance la superficie de la piel y se evapore. Este tapón esta compuesto de aluminio y queratina (la sustancia que forma la capa más externa de nuestra piel, uñas y pelo).

Si dejamos de aplicar el producto, el tapón desaparecerá con el proceso natural de renovación de la piel, pero si usamos antitranspirante de manera regular la glándula se va haciendo cada vez menos activa hasta que deja de producir sudor. Por eso, es muy importante ser constantes en el tratamiento con antitranspirantes y hacer una aplicación de mantenimiento dos o tres veces por semana para tener el sudor controlado.

Para que el antitranspirante pueda cumplir correctamente su función, es importante que las glándulas sudoríparas no estén activas. Por eso se aplica de noche, justo antes de ir a la cama. Durante las horas de sueño, las glándulas sudoríparas también “descansan” y de esta manera permiten que se forme el tapón en el conducto al exterior impidiendo la sudoración.

Por último, lavar la zona a la mañana siguiente permite eliminar los restos de antitranspirante que no han sido absorbidos por la piel y que podrían reaccionar al contacto con otras sustancias. Después de este lavado, ya podemos usar nuestro desodorante habitual con la seguridad de que, además de combatir el mal olor, estaremos protegidos contra la sudoración excesiva.