Cómo cuidar tus pies en el Camino de Santiago

July 25, 2017

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Si estás pensando en hacer el Camino de Santiago, hay algo que no puedes olvidar: debes cuidar muy bien de tus pies. Al final son ellos los que van a llevarte hasta las puertas de la Catedral de Santiago de Compostela y también son ellos los que van a sufrir más en este viaje. Caminar durante decenas (e incluso cientos) de kilómetros va a ser duro para tus pies, por eso es necesario tener en cuenta algunos consejos que te ayudarán a mantenerlos sanos y listos para seguir la aventura.

 

Las ampollas son muy molestas. Procura evitarlas

Una de los mayores temores del peregrino son las ampollas en los pies. Son de lo más habituales pero si consigues mantener tus pies bien hidratados, acabarás el Camino sin sufrirlas. Para ello, lo ideal es dedicarles un rato antes de comenzar la etapa aplicándoles un poco de crema en el talón, en la planta y entre los dedos. Un pequeño masaje tampoco les irá nada mal. Después, con los pies ya limpios, nos pondremos unos calcetines de algodón sin costuras (y unos de lana si llevamos botas) y estaremos preparados para iniciar un nuevo recorrido.

Recuerda que hidratar bien nuestros pies nos ayudará a evitar esas incómodas durezas que suelen aparecer cuando nos pasamos demasiado tiempo andando.

 

La higiene es muy importante

Aunque a veces los olvidemos un poco, nuestros pies pueden llegar a ser más delicados de lo que solemos pensar. Así que lo mejor es prestarles atención también después de cada etapa. Deberemos lavarlos cuidadosamente y secarlos a la perfección siempre, sin excusas. También puedes usar sales relajantes que te dejan los pies como nuevos. Y por supuesto, puedes utilizar antitranspirantes eficaces como Perspirex para los pies. La versión loción de nuestro producto puede ayudarte a mantenerlos secos durante mucho más tiempo.

 

Algunos consejos extra

Por otro lado, no es aconsejable empezar la caminata después de darse una ducha. Si además lo has hecho con agua caliente y durante mucho tiempo, la piel de tus pies se arruga y se vuelve más propensa a las ampollas.

Sin embargo, puedes refrescarlos en fuentes o arroyos durante pequeños periodos de tiempo cada vez que lo necesites. Eso sí, no vuelvas a ponerte en marcha sin que se hayan secado (preferiblemente al aire).