Curiosidades: ¿por qué los orientales se saludan con una inclinación?

September 26, 2011

Los orientales evitan los apretones de manos

En el mundo oriental es muy común saludarse con una reverencia, en lugar de nuestro apretón de manos. Se trata de una forma de mostrar respeto hacia la otra persona cuya intensidad varía según el contexto: una inclinación de 15º se considera muy informal, mientras que en contextos más formales se llega a los 45º. Este tipo de saludo debe realizarse con la espalda recta; en el caso de los hombres las manos se mantienen junto al cuerpo, mientras que las mujeres las colocan delante. La preferencia por este tipo de saludo tiene una explicación muy sencilla: la alta incidencia de hiperhidrosis palmar en estos países.

El gesto de entrechocar las manos no resulta muy agradable cuando uno o dos de las personas tienen las manos sudadas. Según Según “Tú, manual de usuario”, de Roizan y Oz, la incidencia de la hiperhidrosis alcanza al 25% de la población del Extremo Oriente (un porcentaje nueve veces superior a la media mundial). Por tanto, en países como China o Japón (pero también en Brasil o Israel) una de cada cuatro personas suda excesivamente, de modo que casi la mitad (44%) de todos los apretones de manos posibles estarían impregnados en sudor. La respuesta cultural para evitar ese mal trago de origen fisiológico es recurrir a la inclinación de tronco.

Por tanto, la hiperhidrosis puede estar en el origen de la conocida aversión de los nipones hacia el contacto físico con otras personas. En un revelador experimento realizado por el antropólogo Edward Hall en la década de los 60 –reseñado por Flora Davis en su clásico “La comunicación no verbal”- los investigadores metieron a dos desconocidos de distintas culturas en una habitación a charlar. En función de las respectivas ‘distancias de intimidad’ los interlocutores se movían por la habitación, huyendo los que se sentían invadidos (japoneses y chinos), aproximándose los que buscaban mayor contacto (árabes y latinos). El caso extremo se produjo precisamente en el dueto formado por un japonés, con una posibilidad entre cuatro de que le sudaran las manos, y un árabe. Mientras éste trataba de aproximarse, el nipón retrocedía, sintiéndose invadido por el primero. La conversación se inició en un extremo de la habitación y terminó en la otra, con el japonés atrapado entre el árabe y la pared.


Fuente: Cooking Ideas