Valle de la Muerte, el lugar más caluroso del planeta

August 12, 2014

Ahora que estamos en pleno agosto y nos quejamos del calor que está haciendo, viajar, aunque sea de manera virtual, hasta el Valle de la Muerte, en California, nos hará reconsiderar nuestra opinión sobre las temperaturas a las que nos vemos sometidos.

No es para menos, pues el Valle de la Muerte está considerado como el lugar más caluroso del planeta. A unos 100 kilómetros de la entrada al parque natural homónimo del valle, nos topamos con Badwater, a más de 85 metros por debajo del nivel del mar y donde se han llegado a alcanzar temperaturas de 58,1 °C.

Son muchos los turistas que se acercan al Valle de la Muerte para descubrir de primera mano un paisaje desértico y marciano. De hecho, y a pesar del intensísimo calor, se forman ‘largas’ colas para hacerse la famosa foto junto al termómetro digital de Furnace Creek, a unos 20 kilómetros de Badwater.

En el centro de visitantes nos recordarán todas las medidas de seguridad que debemos respetar si queremos salir vivos del Valle de la Muerte: tomar agua aunque no se tenga sed, llevar suficientes líquidos para todo el tiempo que estemos en ruta, llevar sombrero, gafas de sol, el coche en perfecto estado y con el tanque lleno, llevar el mapa a mano (allí la tecnología se funde), calzado adecuado, ropa de tejido natural y colores claro, y protección solar máxima para la piel.

Una vez en el Valle de la Muerte, otro fenómeno que debemos observar es el curioso caso de las piedras reptantes. Se trata de rocas de grandes dimensiones que durante años han mantenido en vilo a la comunidad científica internacional. El hecho, misterioso, durante décadas, hace referencia al desplazamiento de estas masas pétreas sobre la superficie del desierto, en terrenos llanos, con un recorrido de hasta centenares de metros y sin causa aparente que los motive.

Sin embargo, el misterio de las piedras reptantes de Death Valley parece obedecer al choque de temperaturas de la zona. Durante la noche, el termómetro desciende notablemente, provocando que las piedras se deslicen por congelación, como si estuvieran haciendo patinaje artístico.